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John abrió los ojos con dificultad. La luz del sol lo encandilaba, esa luz que no había visto por días. La puerta del contenedor estaba abierta, podía escuchar el canto de los pájaros y ver la hierba y los arbustos a lo lejos. Intentó liberarse de la cuerda con la que sus manos y pies estaban sujetados, pero le era imposible, estaba demasiado cansado, demasiado lastimado. Había sido torturado por días, ya había perdido la cuenta, pero sabía que quizá esa fuera la única oportunidad que tendría para escapar.

Comenzó a forcejear lentamente, sin importarle la irritación y la fricción que las cuerdas le causaban, hasta que poco a poco comenzó a salir su mano derecha, hasta que finalmente liberó sus manos. El dolor lo estaba matando, sus brazos y sus muñecas estaban totalmente lastimados, llenos de cortes y moretones, pero no había momento para nada más que su escape, no sabía cuanto tiempo le quedaba, tenía que aprovecharlo. Sus manos ayudaron a sus pies a salir de las cuerdas, e intentó ponerse de pié, pero cayó inmediatamente. Sintió como su cuerpo era azotado por la gravedad, estaba frustrado, no tenía ni siquiera la fuerza suficiente para caminar. Apoyó sus débiles brazos y observó el reflejo de su rostro en un charco que apenas era visible. Estaba demacrado, irreconocible. Intentó poner su desnudo cuerpo, únicamente cubierto por ropa interior vieja, andando nuevamente, pero no lo consiguió tan fácilmente. Tan pronto se reincorporó, se fue contra una de las paredes del contenedor con fuerza, pero a pesar del dolor, continuó despacio contra la pared hasta salir. Sintió alegría de ver el cielo azul otra vez, de sentir el césped acariciendo sus plantas, de sentir el aire rozando su rostro. Había estado recluído en un húmedo contenedor industrial enmedio de la nada. De pronto, algo lo golpeó en la nuca y cayó inconsciente.


BETRAYAL


–  Despierte.

Una grave y penetrante voz lo hizo volver en sí. Estaba esposado, prisionero nuevamente. Ahora se encontraba en lo que parecía una casa, un lugar bastante rústico y descuidado. Solo había una silla en la cual estaba postrado en el centro, y pinturas en las viejas paredes, aparte de un librero de roble a su derecha. El suelo estaba helado, sus piés descalzos apenas resistían.

– Un placer finalmente conocerlo, señor Strauss, bienvenido. – Un imponente hombre se apareció frente a el. – Lamento mucho por lo que ha tenido que pasar estos días pero, le aseguro, era necesario.

– ¿¡Necesario!? ¿¡Quién es usted!? ¿¡Qué quiere de mi!? – John estaba desesperado, quería respuestas, quería terminar con su sufrimiento.

– Mi nombre no es de relevancia por el momento. Usted es un criminal, un asesino que debe responder por sus crímenes, y yo le estoy brindando una oportunidad de enmedar sus errores.

– ¿Crímenes? ¿¡De qué carajo estás hablando!?

– No intente hacerse el inocente conmigo, señor Strauss. Conocemos sus pecados y sabemos que es lo que merece, y no es la libertad. – El hombre hizo una seña y varios individuos vestidos con trajes militares rodearon a John. – Nuestros propositos dependen de usted. Y para eso está aquí.

– ¡Está loco! ¡Déjeme ir o máteme de una vez! 

– No, no lo estoy. Déjeme hacerle una pregunta, ¿cuántas veces escuchó esas mismas palabras antes de jalar el gatillo? Jamás le importaron. Me alegro ver que el tormento de estos días ha resultado exitoso. Hemos quebrado su espíritu, y ahora me va a escuchar. Quiero a Richard Linus muerto. Es un peligro para el país, el y toda su maldita organización. Y ellos no harán nada, las supuestas autoridades y defensores del orden no moverán ni un dedo, a cambio de alimentar su avaricia y deshonestidad. Esta es tu última oportunidad, de usted depende la supervivencia de la justicia y algo aún más importante y valioso que le ofrezco, la libertad. Niéguese, y ahora mismo le enterraremos bajo tierra. Acepte, y prepárese para luchar.

– ¿Por qué yo? 

– Por su pasado con el. No sea estúpido, le estoy brindando la redención en bandeja de plata, la vida después de haber quitado tantas injustamente. ¿No sería más fácil matarle aquí, ahora? Pregúntese eso.

– ¿Y luego qué?

– Cuando haya concluido su tarea, y Linus y su organización ya no estén, podrá olvidarse de todo esto y jamás volveremos a contactarlo. Soy un hombre de palabra, señor Strauss, se lo aseguro. Y bien, ¿lucahrá por su libertado, o prefiere morir y pagar sus pecados? Es hora de tomar una decisión.

– Lo... lo haré...

– Me alegra que haya decidido sabiamente. Ahora mismo comienza, pero antes, una última cosa. Confiaré en su inteligencia, en su sentido común. Esta conversación jamás tuvo lugar, este encuentro nunca ocurrió. No contactará a nadie más, escúcheme, a nadie, a quién no le hayamos indicado lo contrario. No intentará escapar. Porque si hace alguna de estas cosas, me veré obligado a tomar medidas. ¿Alguna vez le han dicho que tiene una hermosa familia?

Al escuchar esa última frase, John sintió como adrenalina, como algo hirviendo corría por sus venas. No podía dejar que nada le pasara a su familia, no iba a permitir que nadie la pusiera en peligro, que nadie la amenazara.

– ¡BASTARDO! ¡HIJO DE PU...!

Uno de los hombres lo golpeó con fuerza en la cara antes de que pudiera terminar la frase. El líder lo tomo del la barbilla ensangrentada, y se le acercó, dejandole ver su rostro. Era un hombre en los cuarenta, con el pelo corto castaño hacia atrás y barba completa que apenas se asomaba. Tenía unos ojos azules potentes, intimidantes, los cuales se fijaron completamente en los de John.

– Parece ser que le ha quedado le ha quedado claro. Acaba de firmar su contrato con sangre, por favor, no lo rompa. Estaremos en contacto. 

El hombre lo soltó bruscamente, se dió media vuelta, y salió de la habitación seguido de todos sus misteriosos y fuertemente armados captores, a excepción de uno. Estaba encapuchado, vestía, al igual que todos los demás, equipo militar gris y capucha negra. Desenfundo una pistola automática y le apuntó a John a la cabeza.

– ¿Estás listo? – Le dijo con frialdad. – Es hora.

El hombre giró el arma y le acercó la empuñadura a John. El infierno había dado inicio.

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